Nissan: Del Taller de Masujiro Hashimoto al Imperio del JDM

Nissan: Del Taller de Masujiro Hashimoto al Imperio del JDM

Nissan es una marca automotriz japonesa fundada el 26 de diciembre de 1933 por Yoshisuke Aikawa en Yokohama, aunque sus raíces se remontan a 1911 cuando Masujiro Hashimoto construyó el primer auto japonés de producción, el DAT. Con modelos legendarios como el Skyline GT-R, el Fairlady Z y el Silvia, Nissan se convirtió en uno de los pilares de la cultura JDM y la industria automotriz global. En Zoladi encuentras réplicas a escala de Nissan en marcas como Hot Wheels, Mini GT, Tomica, Tarmac Works, Kaido House e Inno64.

 

Tokio, 1911. En el barrio de Azabu-Hiroo, un ingeniero que había estudiado la industria automotriz en Estados Unidos abrió un pequeño taller con una obsesión que nadie en Japón compartía: construir un auto completamente japonés. En una época donde cada vehículo que rodaba por las calles de Tokio llevaba un emblema americano o europeo, Masujiro Hashimoto decidió que Japón debía fabricar el suyo. Lo que empezó como un taller modesto se convertiría, décadas después, en una de las marcas más importantes del automovilismo mundial. Su nombre sería Nissan.

 

La historia de Nissan tiene dos protagonistas fundacionales. El primero es Masujiro Hashimoto, nacido en 1875 en Tokio, un ingeniero que viajó a Estados Unidos a estudiar la producción automotriz americana y regresó convencido de que Japón podía competir. En 1911 fundó la Kwaishinsha Motor Car Works, un taller artesanal donde comenzó a diseñar su primer auto. Hashimoto no era un empresario de escritorio: era un mecánico que ensamblaba con sus propias manos, un idealista técnico que veía el auto no como lujo sino como herramienta de progreso nacional.

El segundo protagonista llega dos décadas después: Yoshisuke Aikawa, nacido en 1880 en la prefectura de Yamaguchi. Aikawa venía de una familia distinguida, pero rechazó el camino fácil. Trabajó como mecánico de fábrica, aprendió desde adentro cómo funcionaba la producción industrial, y construyó un conglomerado llamado Nihon Sangyo. Su lema personal era claro: "Atreverse a hacer lo que otros no hacen." En 1933, Aikawa vio la oportunidad de unir la experiencia automotriz que Hashimoto había sembrado con su propia capacidad industrial. El resultado fue la fundación de Jidosha Seizou KK el 26 de diciembre de 1933 en Yokohama, la empresa que un año después se rebautizaría como Nissan Motor Co., Ltd., tomando su nombre de la abreviatura bursátil de Nihon Sangyo.

 

El primer auto que puede considerarse "Nissan" es, en realidad, anterior a la marca misma. En 1914, Hashimoto completó el DAT, un pequeño auto de pasajeros con un motor de dos cilindros que generaba 10 caballos de fuerza y alcanzaba 32 km/h. El nombre DAT venía de las iniciales de los tres inversionistas principales: Den, Aoyama y Takeuchi. Era un auto modesto, casi artesanal, pero representaba algo enorme: el primer vehículo de producción fabricado enteramente en Japón.

Del DAT nació el Datson en 1931, un auto compacto que luego cambió su nombre a Datsun, que significaba "hijo de DAT". Ya bajo el paraguas de Nissan, el Datsun Type 11 se empezó a producir en serie en la planta de Yokohama en abril de 1935, con una línea de ensamblaje de 70 metros. Ese mismo año comenzaron las exportaciones a Australia. Para 1937, Nissan producía más de 10,000 vehículos al año y se había convertido en el mayor fabricante automotriz de Asia entre las empresas financiadas con capital japonés.

 

Para entender por qué Nissan nació así, hay que mirar lo que pasaba en el Japón de los años 30. El país estaba en plena modernización industrial. El gobierno del período Showa promovía activamente la producción nacional de automóviles para reducir la dependencia de Ford y General Motors, que dominaban el mercado japonés. Aikawa entendió que el momento era exacto: había demanda gubernamental, había infraestructura portuaria en Yokohama, y había una generación de ingenieros japoneses formados en el extranjero. La fundación de Nissan no fue un accidente romántico sino una jugada estratégica perfectamente calculada en el contexto de un Japón que quería demostrar que podía competir industrialmente con Occidente.

La Segunda Guerra Mundial interrumpió la producción civil. Nissan dejó de fabricar autos para dedicarse exclusivamente a camiones y vehículos militares. Pero cuando terminó la guerra en 1945, la reconstrucción trajo una nueva oportunidad. Ya en 1947, Nissan retomó la producción automotriz, y en 1951 lanzó el Nissan Patrol, un todoterreno robusto con tracción en las cuatro ruedas y un motor de seis cilindros que superaba al Willys Jeep americano. El Patrol marcó el regreso de Nissan con un mensaje claro: Japón no solo se había recuperado, sino que estaba listo para competir a nivel global.

 

Los años de crecimiento de Nissan se definen por tres modelos que cambiaron la historia del automovilismo japonés. El primero fue el Prince Skyline, nacido en 1957 bajo la marca Prince Motor Company y absorbido por Nissan tras la fusión de ambas empresas en 1966. El Skyline original era un sedán de lujo con un motor de 1.5 litros y 60 caballos de fuerza, influenciado por el diseño americano de la época, con aletas traseras y pintura bicolor. Nadie imaginaba que ese sedán elegante se convertiría en la base del GT-R.

El segundo modelo transformador llegó en 1969: el Fairlady Z, conocido en el mercado americano como el Datsun 240Z. Diseñado por Yoshihiko Matsuo e impulsado por la visión de Yutaka Katayama, presidente de Nissan en Estados Unidos, el 240Z fue una declaración de guerra directa contra los deportivos europeos. Con un motor de seis cilindros en línea de 2.4 litros y 151 caballos de fuerza, suspensión independiente en las cuatro ruedas y un diseño fastback que parecía salido de una casa de diseño italiana, el 240Z ofrecía rendimiento de Jaguar E-Type a una fracción del precio. Solo en su primer año en Estados Unidos vendió más de 16,000 unidades, y en 1970 superó las 40,000. Ganó el Rally Safari de África Oriental en 1971 y se convirtió en el auto que puso a Japón en el mapa deportivo mundial.

El tercer pilar fue la evolución del Skyline hacia el GT-R. El R32, lanzado en 1989 con el legendario motor RB26DETT, un seis cilindros en línea biturbo de 2.6 litros, redefinió lo que un auto japonés podía hacer en pista. Le siguieron el R33, que estableció un récord en Nürburgring, y el R34, que se convirtió en una de las piezas más deseadas del coleccionismo automotriz mundial.

 

Pero toda leyenda tiene su capítulo oscuro. En los años 90, Nissan cayó en una crisis que casi la destruye. La empresa acumuló más de 20,000 millones de dólares en deuda. Solo 3 de sus 46 modelos vendidos en Japón generaban ganancias. Ocho años consecutivos sin utilidades la pusieron al borde de la bancarrota.

En 1999, con Daimler-Chrysler rechazando una alianza, Renault apareció como última opción. La automotriz francesa compró el 36.8% de las acciones de Nissan y envió a Carlos Ghosn, un ejecutivo brasileño de ascendencia libanesa, a rescatar la compañía. Ghosn hizo lo que la cultura corporativa japonesa no se atrevía: cerró fábricas, vendió divisiones improductivas y recortó la fuerza laboral. Para 2001, Nissan reportó ganancias récord. Ghosn fue celebrado como un héroe, hasta que en 2018 fue arrestado en Tokio bajo cargos de conducta financiera irregular, desatando un escándalo corporativo que sacudió la alianza Renault-Nissan y dominó titulares internacionales durante años.

 

La situación actual de Nissan es, quizás, el capítulo más difícil de su historia. En el año fiscal 2024, la empresa registró pérdidas netas de aproximadamente 4,300 millones de dólares. Las negociaciones para una fusión con Honda, que habría creado al tercer fabricante más grande del mundo, colapsaron en febrero de 2025. Bajo el plan de reestructuración "Re:Nissan", la compañía anunció el cierre de siete fábricas, la reducción de 20,000 empleos y un recorte del 20% en su capacidad productiva global.

Pero Nissan sigue siendo Nissan. Su legado en el mundo del automovilismo es imborrable: el Skyline GT-R definió una era del JDM, el 240Z demostró que Japón podía competir con Europa, y el Nissan Z sigue vivo como símbolo de un linaje deportivo que ya supera las cinco décadas. La marca enfrenta su momento más crítico, pero su historia demuestra que ya ha sobrevivido guerras, bancarrotas y escándalos. El ADN de Aikawa, aquel que se atrevió a hacer lo que otros no hacían, sigue codificado en cada modelo que lleva el emblema de Nissan.

 

En el mundo del coleccionismo diecast, Nissan ocupa un lugar privilegiado. El Skyline GT-R en todas sus generaciones, desde el Hakosuka hasta el R34 y el R35, es uno de los modelos más reproducidos y buscados por coleccionistas. Hot Wheels ha hecho del Skyline un básico de su línea con versiones regulares, Super Treasure Hunts y ediciones Premium. Mini GT ofrece réplicas detalladas del GT-R R35 NISMO y versiones Liberty Walk. Tarmac Works y Kaido House han convertido al Datsun 510 y al Fairlady Z en piezas de culto con sus ediciones modificadas. Tomica tiene versiones clásicas del Skyline y el Silvia S15. Para los coleccionistas de JDM, Nissan no es solo una marca: es el corazón de la colección.

 

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Nissan nació de la audacia de dos hombres que creyeron que Japón podía fabricar sus propios autos cuando el mundo entero lo dudaba. Más de nueve décadas después, esa misma audacia sigue siendo lo que define a la marca, lo que mantiene al GT-R como leyenda y lo que hace que cada Fairlady Z que sale de fábrica lleve consigo el espíritu de aquel pequeño DAT de 1914.

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